Y la tarde se complicó

 


 

 

No les culpo si creen que una película que narra la historia de una adolescente es generalmente poco atractiva para el público adulto. Estamos de acuerdo. Generalmente. Tengo que abrirles los ojos, sin que necesariamente siente precedente -ojalá me equivoque-para que se den cuenta de que eso ha cambiado gracias a una de las películas –con el inconfundible sello indie- más refrescantes de los últimos años. Una cinta con nombre de diosa romana de la maternidad (un guiño a la propia trama). Si deciden apostar por ella, esta joya en 35 milímetros les dejará en el cuerpo esa sensación que sólo las buenas historias logran.

Juno McGuff es una adolescente de 16 años que se queda embarazada tras su primera experiencia sexual. Una tarde de esas en las que el aburrimiento se apodera del sentido común hasta del más pintado, decide, como dirían en inglés, just for the hell of it, proponerle a su vecino Bleeker realizar el, como dijera Ross en Friends, physical act of love. ¡Angelitos! A ninguno de los dos se les ocurrió usar condón. Así que, cuando Juno descubre que está encinta, le pide a su mejor amiga que la ayude a encontrar una buena familia para dar a su bebé en adopción. En los anuncios del periódico, encuentran a Mark y Vanessa, una pareja de yuppies con dinero y una buena posición social. Parecen la pareja perfecta. Pero ya se sabe cómo funciona eso de las apariencias… A medida que el embarazo de Juno avanza, la pareja parece irse a pique.

La película nos presenta un retrato original,  de características raramente vistas antes en un personaje adolescente. Una historia diferente y  con el trasfondo de las dudas, las preguntas y los planteamientos vitales propios de esta etapa vital y la consiguiente conclusión de que no podemos saberlo ni entenderlo todo, y que hay cosas que escapan a nuestro alcance. Todo ello tratado con un sentido del humor extraordinario, a pesar de presentar al espectador una circunstancia a priori complicada. Sin embargo, se trata de una cinta que inunda al espectador de alegría.

Ni millones de dólares en campañas de publicidad, ni una gran superproducción, ni una historia demasiado compleja. Ninguno de estos elementos conforma el secreto del éxito de esta maravillosa obra cinematográfica. Sólo podemos disfrutar de la materialización de un buen guión basado, no obstante, en un argumento muy sencillo. La dirección impecable del siempre genial Jason Reitman (Thank you for smoking, Up in the air) encuentra en esta ocasión la horma perfecta que supone el guión de la fascinante Diablo Cody, para un zapato hecho a la medida de Ellen Page, una de las actrices jóvenes con más talento del panorama internacional. Una estrella –eso como mínimo- por la magnitud de su talento y no porque una industria poderosa lo haya decidido así.

¿Les he convencido ya? Pues todavía hay más: los títulos de crédito del principio son inolvidables, una pieza más del puzle perfecto que es Juno.  Y no se pueden perder la banda sonora. Canciones que difícilmente podrán quitar de su cabeza durante un tiempo.

Jason Reitman y Diablo Cody repiten trabajo juntos. Young Adult, que se estrenará en 2011. No la pierdan de vista. Viniendo de esta pareja, promete.

 

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