Reportaje–> Células madre

Avances en la medicina regenerativa

Células madre embrionarias

Despertarse por la mañana con la cara de siempre no es algo que emocione a mucha gente, es pura rutina. No suele sorprender lo que se ve todos los días ante el espejo. Sin embargo, es probable que para Jaume Aldavert, un chico de quince años que padece desde los cinco el síndrome de Parry-Romberg (también conocido como hemiatrofia facial progresiva) esto sea diferente. Se trata de una enfermedad de las calificadas como “raras”, cuyas causas se desconocen, y que le provocó la deformación de la parte izquierda de la cara. Para Jaume ver de nuevo su rostro tal y como era y haber recuperado la sensibilidad facial, ha supuesto todo un acontecimiento. Como también lo ha sido para la medicina moderna y en especial para la reparadora, basada en el uso terapéutico de células madre, pues los doctores Joan Pere Barret y Elena Arana, del Hospital barcelonés de La Vall d’Hebron, llevaron a cabo con éxito esta operación por primera vez en Europa hace casi dos años. La intervención duró entre cuatro y cinco horas y consistió en realizar una liposucción en el abdomen, mediante que la pudieron extraer células madre estomacales, las más puras y con mayores capacidades regenerativas. Estas células fueron reimplantadas en el rostro del joven paciente. La técnica podría estudiarse para el caso de quemados de considerable gravedad.

Un gran avance científico

Una de las mayores revoluciones de la medicina se produjo con la aparición de las técnicas de trasplante, cuyo descubrimiento ha ayudado a mejorar la calidad de vida de muchas personas en todo el mundo y en muchos casos incluso ha llegado a prolongarla. Sin embargo, en muchas ocasiones, en los trasplantes se pueden presentar problemas como la escasez de donantes o incluso el rechazo del órgano por parte del cuerpo del paciente receptor del mismo.

Fruto de los continuos avances de la ciencia, nació la medicina regenerativa o reparadora, cuyo propósito es regenerar tejidos humanos afectados, del mismo modo que lo haría el cuerpo mediante un proceso natural. Obviamente, los mecanismos del cuerpo humano para regenerar, reparar o renovar dichos tejidos son limitados y dependerán de la gravedad del daño. En los casos en que se produce la muerte de grandes cantidades de tejido, como es el caso de los infartos de miocardio o cerebrales, éstas no se reparan de forma espontánea. En estas situaciones es donde entra en escena uno de los campos de la ciencia médica más prometedores: la terapia mediante el cultivo y trasplante de células madre. La medicina reparadora es y será fundamental en un mundo en el que aumenta la incidencia de enfermedades degenerativas y se espera que contribuya al aumento de la esperanza de vida a nivel mundial, al menos en los países desarrollados.

Progresos médicos

El Journal of the American Medical Association publicaba en abril de 2009 un estudio que determinaba que un grupo de pacientes diabéticos a los que se les había reconstruido el sistema inmunitario a partir de sus propias células madre había logrado prescindir de la insulina durante períodos de tres a cuatro años. Esta investigación podría confirmar la teoría de que los trasplantes de células madre suponen la detención de la diabetes de tipo 1, en determinados pacientes. Y, aunque tampoco se trata de la panacea, pues la terapia conlleva efectos secundarios agresivos, hasta el momento se considera el tratamiento más efectivo para frenar la enfermedad en seres humanos sin tener que recurrir a la administración continuada de medicamentos.

En junio de 2001, un grupo de especialistas médicos publicó un estudio en el New England Journal of Medicine en el que, conociendo la efectividad del trasplante de sangre de cordón umbilical en niños, habían estudiado el mismo procedimiento en adultos. La conclusión a la que llegaron estos facultativos fue que la sangre de cordón umbilical, procedente de donantes no emparentados con el receptor, puede recuperar la hematopoyesis de la sangre, es decir, el proceso de formación, desarrollo y maduración de los elementos que la conforman.

clip_image002Ese mismo año, el doctor Philippe Menashè, del hospital Bichat Claude Bernard de París, aplicaba por primera vez en el mundo con éxito, células madre adultas en un corazón infartado. Concretamente, Menaschè y su equipo recurrieron a los mioblastos (células del músculo esquelético), extraídos del brazo del propio paciente, que posteriormente implantaron en la cicatriz postinfarto, durante una cirugía de baipás coronario. Cinco meses más tarde se comprobó la contracción y viabilidad de la cicatriz, mediante una ecocardiografía y una tomografía por emisión de positrones (PET, en sus siglas en inglés), que es una técnica de diagnóstico por imagen, usada en la medicina nuclear. Los datos eran muy prometedores, aunque los médicos pedían prudencia, ya que en estos casos se requieren estudios adicionales.

Un caso muy parecido fue el que se produjo unos meses después, en agosto de 2001, cuando un grupo de científicos de la Universidad de Düsseldorf (Alemania), injertó células madre procedentes de la propia médula ósea de un paciente afectado también de infarto de miocardio. Los médicos trasplantaron las células en la zona dañada del corazón y posteriormente observaron una mejoría. El cardiólogo responsable de la operación, el doctor Bodo Eckehard Strauer, declaró en su momento que la única explicación lógica de la mejora era que las células madre se hubieran convertido en células cardíacas.

Reparación mamaria

Cinco mujeres madrileñas fueron las primeras en España en someterse en noviembre de 2008 a un trasplante de células madre, extraídas de la grasa de su abdomen para ser reimplantadas en sus mamas dañadas por un cáncer. La intervención, dirigida por la doctora Rosa Pérez Cano, tuvo lugar en el hospital Gregorio Marañón de Madrid, centro sanitario que ensaya, junto con otros tres hospitales europeos de Reino Unido, Italia y Bélgica, una técnica pionera. Al tratarse de grasa de las propias pacientes se evita un posible rechazo posterior del organismo. A pesar de que esta nueva técnica significa un paso muy importante en la recuperación y superación de uno de los mayores traumas que puede experimentar una mujer a lo largo de su vida, y dada la incidencia de este tipo de cáncer, es necesario aclarar que las pacientes intervenidas se habían recuperado de un cáncer menor y en el que no se había manifestado metástasis en otros órganos.

clip_image004Avances en el diagnóstico del cáncer

Desde hace cuatro años, Pilar Martín, investigadora del grupo de medicina regenerativa del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud, realiza experimentos combinando dos técnicas: la terapia génica (introducción de genes en las células de un paciente mediante la obtención de una copia sana del gen alterado o ausente en el genoma del enfermo) y el trasplante de células madre. Martín señaló que las células madre sirven como vehículo para trasladar los genes exógenos -de origen externo- hasta la localización del tumor. El gen que utiliza esta especialista es un simporter de sodio y yodo, lo que quiere decir que ambos compuestos atraviesan la célula en un mismo sentido. El yodo es un componente esencial de la hormona tiroidea, por lo que el órgano del cual se extrae este componente es la tiroides. Este simporter acumula el yodo y la célula madre lo transporta hasta la zona del tumor, lo que permite y facilita la visualización por imagen diagnóstica del cáncer y su posterior tratamiento.

Dilema moral

Pese al progreso médico y lo esperanzadora que parece ser la investigación con células madre, esta técnica se ha visto rodeada de una gran polémica desde sus inicios, principalmente en los casos en que se recurre a células madre embrionarias, que son las que han mostrado mayor efectividad. Este tipo de células se obtienen del blastocito, una fase en la que el embrión es una especie de bolsa llena de líquido. Este saco se compone de dos regiones: el trofoblasto, la parte exterior, y la masa celular interna. Solamente una parte de ésta última, el llamado epiblasto, daría lugar al ser humano. El resto de componentes originarían estructuras extrafetales, como la placenta. En estos primeros días, el embrión humano no se diferenciaría del de un chimpancé o del de un ratón. El programa genético es el que posteriormente hará que ese embrión se convierta en un ser humano o en otro animal. En esta etapa, el embrión es, por tanto, biológicamente, un conjunto de células agrupadas.

La opinión pública

Algunos científicos denuncian que los informes que se han hecho públicos sobre los avances en la aplicación de células madre de adultos han sido malinterpretados por los medios de comunicación, que han manifestado una excesiva euforia y han transmitido a la opinión pública una visión errónea. Estos profesionales afirman que los hallazgos no son suficientes para ofrecer un valor terapéutico efectivo. No obstante, otros científicos, menos escépticos, señalan que los resultados obtenidos con las células madre de adulto son muy esperanzadores.

La Fundación BBVA realizó en 2008 un “Estudio internacional sobre actitudes hacia investigación con células madre,” del que se desprendía que la población en general mostraba un alto grado de aceptación del uso de embriones sobrantes de tratamientos de reproducción asistida. El nivel más alto se observó en Dinamarca y Suecia. Por el contrario, la creación de embriones para la investigación biomédica provoca una división de opiniones más significativa, donde dominan los condicionantes éticos y religiosos. En este caso, el nivel más bajo de aceptación se registró en Alemania y Austria. Entre la población no creyente predomina una visión estrictamente biológica del embrión, mientras que en el caso de la religiosa, mandan los preceptos morales, que atribuyen al embrión una condición igual o similar a la de un ser humano.

La ciudadanía más abierta y que expresó actitudes más favorables hacia la investigación con embriones para la obtención de células madre, fue la de países como Dinamarca, República Checa, Suecia, España y Holanda. Los españoles aceptaron el uso de embriones sobrantes de manera general, aunque en menor medida aquellos creados específicamente para la biomedicina. Sin embargo, es preciso aclarar otro aspecto importante a destacar de este estudio: el nivel de información y comprensión por parte de los ciudadanos.

En general, se comprobó que es escaso en la mayor parte de las sociedades encuestadas (en las que además de Europa se incluyó también a los Estados Unidos, Japón e Israel). Por tanto, se podría afirmar que las actitudes hacia este campo investigador se basan más en preceptos morales y éticos que en conocimientos precisos.

Células madre sin destruir al embrión

El Banco Nacional de Líneas Celulares- Nodo de la Comunitat Valenciana, que está ubicado en el Centro de Investigación Príncipe Felipe, solicitó hace unos años al Ministerio de Ciencia e Innovación el depósito de una nueva línea celular que trata una técnica que permite mantener la viabilidad del embrión tras la extracción de las células madre. Este nuevo descubrimiento representa un nuevo paso muy importante para la investigación en la medicina regenerativa, con el añadido de la no destrucción del embrión utilizado. Para ello, los científicos recurrieron a técnicas de microimplantación a partir del aislamiento de

una de las denominadas blastómeras, células de las que se compone el embrión en sus fases iniciales de desarrollo. Así, esta nueva línea de células madre se obtuvo de la blastómera de un embrión que se encontraba en el tercer día de su desarrollo y en estadio de siete células, por lo que éste podría continuar su desarrollo normal tras el procedimiento. Lo reseñable de esta nueva técnica, pionera en Europa, es la posibilidad de creación de células madre inmunológica y genéticamente compatibles con el embrión del que proceden, con los consecuentes beneficios que su conservación podría reportar en un futuro. El equipo de científicos autores del hallazgo, liderado por Carlos Simón, demostró la pluripotencialidad de las células madre obtenidas y realizó estudios que demuestran la capacidad de autorrenovación que presentan estas células, la cual hace posible su crecimiento en estado diferenciado de forma indefinida.

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El caso de los Estados Unidos

El 9 de marzo de 2009, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, firmaba una orden de revocación del veto a la financiación para la investigación con células madre que ocho años antes, su antecesor, George W. Bush, había impuesto en ese país. Esta medida, que Obama ya contemplaba en su programa electoral, supuso el fin de las restricciones a los científicos estadounidenses en uno de los países, paradójicamente, con los recursos biotecnológicos más avanzados del planeta.

La polémica decisión del ex-presidente Bush tuvo lugar el 9 de agosto de 2001, durante una intervención que fue televisada para todo el territorio estadounidense. Sería una comparecencia histórica, pues suponía un retroceso considerable en el campo de la avanzada biotecnología norteamericana. En su discurso, Bush anunció la concesión de financiación con fondos federales únicamente a aquellas investigaciones que implicasen el uso de células madre embrionarias procedentes de la destrucción de embriones sobrantes de las clínicas de reproducción asistida. Con ello, daba su negativa a financiar proyectos que implicasen el uso de células madre embrionarias obtenidas con fecha posterior a la entrada en vigor de la medida. Pronto se generaron diferentes críticas, algunas de ellas procedentes de la oposición, como fue el caso de un senador demócrata que afirmó que la información en que se basó Bush para tomar esa decisión era incompleta. La medida, lógicamente también creó malestar y desconcierto entre algunos sectores de la comunidad científica, sobre todo en lo relativo a los derechos de propiedad intelectual de las líneas celulares. Finalmente, tras llegar a un acuerdo con el Gobierno, los investigadores de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y de las distintas universidades, tuvieron acceso libre a las cinco líneas celulares desarrolladas en el WiCell Research Institute, centro de investigación sin ánimo de lucro, especializado en el estudio avanzado de células madre, que fue fundado en 1999 y que depende de la Universidad de Wisconsin-Madison.

La legislación española y órganos de control

La Ley 14/2007 de 3 de julio de Investigación Biomédica es la normativa legal más reciente en nuestro país que afecta a la investigación con células madre. Esta norma prohíbe expresamente la constitución de embriones humanos exclusivamente con fines experimentales, pero se permite la utilización de cualquier técnica con fines terapéuticos o de investigación, que no comporte la creación de un embrión únicamente para este fin.

En España existen diferentes organismos que controlan los ensayos científicos en este campo. Los comités éticos se encargan de garantizar la adecuación de las investigaciones en cada centro a aspectos metodológicos, éticos y jurídicos. La Comisión de Garantías para la Donación y Utilización de Células y Tejidos Humanos, evalúa e informa sobre los diferentes proyectos de investigación que requieren el uso de células madre. El Comité de Bioética de España se creó como entidad competente para la consulta de todos aquellos aspectos que comporten implicaciones éticas o sociales y la fijación de directrices y principios que han de seguir los distintos Comités de Ética e Investigación.

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