Europa despierta

De izqda. a dcha.: Londres, Islandia, Grecia y España

El derecho a manifestarse y a protestar es de todos, tanto jóvenes como maduros. La juventud, quizá tome la iniciativa porque suele ser, en muchos casos, la más afectada por las diferentes reformas políticas o situaciones socioeconómicas: educación, empleo, vivienda… La juventud es también la etapa de la vida en la que todavía tenemos sueños e ilusiones que cumplir y esa fuerza nos impulsa a decir no a la resignación y al conformismo. O debería.

Por ello, las revoluciones o manifestaciones de protesta suelen estar encabezadas por el sector de población de menor edad. Sin embargo, el derecho de queja pública que las constituciones o las leyes otorgan a la ciudadanía, pertenecen a toda persona que conforma una sociedad. Y por ello, las personas no tan jóvenes (de edad) deberían tener, del mismo modo, la obligación moral de quejarse de la situación que vive la juventud, de apoyar sus reivindicaciones, que un día también fueron suyas.

Hoy más que nunca, las razones para indignarse, son de todos: Los recortes de derechos, las olas de xenofobia, racismo y miedo al “diferente”. El empleo precario, no sólo de jóvenes, sino de personas que se han visto en el paro con una edad en la que, al menos en España, ya les resulta difícil recolocarse y han tenido que aceptar ese tipo de trabajos, con salarios miserables. Familias con la mayoría de sus miembros sin trabajo remunerado, que se han visto, en muchos casos, ahogadas por hipotecas que no pueden pagar y que los bancos les embargan. Gobiernos supuestamente socialdemócratas que aplican políticas más propias de la ideología liberal. Dirigentes que regalan dinero público a los culpables de la crisis, mientras éstos se niegan a financiar a las pequeñas empresas o autónomos que lo necesitan para salir adelante.

Y si todas estas circunstancias no afectan directa o indirectamente a determinados ciudadanos, aquellos que tienen un buen empleo, estable y seguro, una vivienda y una buena posición socioeconómica, éstos deberían igualmente alzar la voz. Forman parte, como los demás, de una sociedad y por lo tanto, deben luchar de cualquier manera para que ésta sea más justa y rica democráticamente. Eso hará que las democracias progresen y mejoren en sus valores. De lo contrario, la involución que puede sufrir Occidente de no intentar cambiar el statu quo, al no apoyar al resto de la ciudadanía, en sus manifestaciones y exigencias justificadas, acabará afectando a todas las personas, ricos y pobres; parados o con buen empleo.

Dicho todo lo anterior, hay muchos motivos para no estar de acuerdo con la premisa que sostiene que Europa está dormida. Que los jóvenes europeos no se indignan como lo hacen los árabes. La principal, y evidente, diferencia es que los jóvenes de los países de Oriente Medio están luchando por obtener los derechos que les corresponden; los europeos, por conservarlos, porque no se resquebrajen. Ellos no tenían –en apariencia- nada que perder. Los europeos, quizá creyéramos que teníamos algo. En Oriente Medio la mecha la encendió la muerte de Mohamed Bouazizi, un joven tunecino, que se prendió fuego por desesperación, tras haber perdido sus medios de vida. Era un reflejo de la situación del país.

En Europa, para la mayoría, la situación no llega a tales extremos. Es cierto que, probablemente, aquí ha hecho falta una crisis económica que, delante de nuestras narices, nos hiciera ver cómo los culpables de la misma, después de perjudicar a los de siempre, se iban de rositas con el maletín bajo el brazo, que nuestros gobernantes les brindaban y cuyos billetes procedían de nuestros bolsillos. Ha hecho falta que las políticas europeas se recubran otra vez de un neoliberalismo feroz, que los países del Estado del Bienestar, que tanto costó construir tras el desastre de la II Guerra Mundial, abracen, pasada la primera década del siglo XXI, el pensamiento único.

A finales de 2010, Londres presenció las manifestaciones de estudiantes que protestaban contra las reformas de las tasas universitarias. Los jóvenes británicos salieron a las calles de la capital porque se negaban a que sus gobernantes conservadores convirtiesen la educación universitaria en un privilegio para unos pocos. Hace unos meses, en Islandia, la ciudadanía no estuvo dispuesta a que se pagase con su dinero a los bancos. Se echaron a la calle y consiguieron que se celebrase un referéndum para decidirlo democráticamente. Un 90% dijo “no” también en las urnas. En Grecia, la ciudadanía secundó una huelga general y salió a protestar contra los recortes sociales del Gobierno heleno.

En España, nuestra democracia está aún por consolidar. Los españoles somos (éramos) poco dados a este tipo de movimientos reivindicativos. Hasta que nació el movimiento 15-M. Las redes sociales, la clave comunicativa del siglo XXI, el entorno más democrático a disposición del pueblo, donde compartir opinión, debate y pensamiento, propiciaron que la iniciativa de unos pocos se extendiese por la Red como un virus, el de la indignación. Un virus que activó en el pueblo, los anticuerpos de la apatía y del conformismo, surgidos para combatir la corrupción, la falsedad e hipocresía de los políticos, la falta de un futuro digno para los jóvenes (que sufren un 45% de paro en España), la generación mejor preparada de la historia y, sin embargo, la que vivirá peor que sus padres.

Salvando las distancias, el motor que ha movido a los jóvenes de Oriente Medio y a los de Europa es el mismo: ambos rechazan la corrupción, el desempleo y la ausencia de futuro para los más jóvenes. Y, del mismo modo, en los dos casos, el fenómeno comunicativo nacido en Internet, de mano de las redes sociales, actuó como vehículo de transmisión.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Actualidad, Política, Sociedad. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s