Has tenido suerte

Días en los que te abruma lo injusta que puede llegar a ser la vida con algunas personas a las que quieres tanto que te duele. A ti, por ahora, la vida te ha tratado bien, quizá  porque te consideras una persona afortunada, por encima de todo. A pesar de que no te haya salido siempre todo como hubieras querido o como habías planeado. Y sí, fallaste algunas veces, podrías haber hecho muchas cosas mejor. Has tenido suerte. Tus padres fueron imperfectos, como cualquier ser humano y, sin embargo, fueron los mejores que se pueda desear. Cuando piensas en ellos te sientes realmente orgullosa, de esas dos personas maravillosas aprendiste a ser quién eres. Te inculcaron valores, te enseñaron a escoger tu propio camino, a elegir qué tipo de persona querías ser. Te enseñaron honradez, humildad, sinceridad, generosidad y lucha. Tomaste tus propias decisiones desde muy joven: qué querías estudiar, dónde querías ir. Ellos te apoyaron. Un año después quisiste cambiaste tu vida, te fuiste al otro lado del país, a más de mil quilómetros de distancia. Les dolió, porque te alejabas, pero te querían, aunque confiaban en ti y querían que fueras feliz por encima de todo. Te volvieron a apoyar. Has tenido suerte. Conociste, aún más joven, al amor de tu vida, a los dieciséis años. A una edad en la que la gran mayoría de adolescentes solamente piensa en salir con cuánta más gente mejor. Muchos incluso, en la actualidad, con esos años ya se han acostado con más gente de la que puedan contar con los dedos de las manos y se creen que ya lo saben todo, que son adultos. A una edad en la que pocos quieren o están preparados para un compromiso. A una edad horrible, inestable, que te jugó alguna mala pasada. A una edad en la que la mayoría de adultos probablemente no se tomen en serio una relación y piensen que no durará, que estás experimentando, que es un juego. A una edad sobre la que alguien te dijo cinco años más tarde que deberías haber estar tonteando por ahí con chicos en lugar de con una pareja. Sientes haberlos decepcionado a todos. No, no mientas, en realidad no lo sientes, te alegras. Ha pasado una década, ha volado. Te dormiste y una mañana te despertaste con diez años más y con “tu persona” al lado. El ser humano que más te conoce, el único que sabe realmente quién eres, porque lo eres en parte por él. Porque es un trozo de ti.  El único que con solo mirarte a los ojos sabe lo que estás pensando. Tu cómplice, tu mejor amigo, tu hermano mayor, tu confidente, tu psicólogo. Esa persona en la que más confías, que está ahí siempre, de forma incondicional. Esa persona que cree más en ti que tú misma. Lo conociste cuando apenas habías echado a andar. Juntos crecisteis, cambiasteis, madurasteis, sentisteis, conocisteis, reísteis, llorasteis, soñasteis. Quisisteis y diez años después lo seguís haciendo, más si es posible. Si es que el amor no tiene un tope, un límite a partir del cual, una vez alcanzado, ya no se puede querer más. De cualquier modo, sea como sea, cada día te sientes más afortunada. Has tenido suerte. Estás a punto de terminar una carrera que has soñado desde pequeña. No ha sido fácil, ha costado llegar hasta aquí. Tuviste malas experiencias, desilusiones. Cambiarías muchos detalles, algún “atreverse” o “decidirse”, algún “tener más confianza en una misma” y sobre todo algún “pensarse bien las cosas antes de hacerlas”, que te hicieron tropezar muchas veces. A pesar de todo saliste a flote, aprendiste de tus errores (¿qué es la vida si no eso?), maduraste, evolucionaste. Y viviste algunas de las mejores experiencias de tu vida, conociste a personas importantes para ti. Así que crees que tienes más de lo que muchos quisieran. Te quejas, sí, muchas veces. Las personas somos así, abrimos la boca y gruñimos. No tienes motivos, no son importantes, al menos. Baloney o bullshit como dirían en el idioma que me apasiona. Los angloparlantes para esas cosas siempre tienen la palabra perfecta, llana, sin rodeos. Cada uno tiene sus razones, sus motivos, lo que considera sus ‘problemas’, sus ‘asuntos’, aquello que le molesta, sus issues (de nuevo, el inglés al rescate). Pero todo eso te parece nada y recuerdas esos “has tenido suerte” y así te vuelves a sentir afortunada. Vuelves a pensar en lo injusta que puede llegar a ser la vida, especialmente con esa persona que aún no ha empezado a vivir, que aún tiene que crecer, cambiar, madurar, sentir, conocer, reír, llorar y soñar, al lado de la que algún día sea “su persona”, como hiciste tú. Ella, una de las personas a las que quieres tanto que te duele.

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