Diario de Granada (1)

Hoy llegué a la mágica ciudad de Granada. La tarde se me ha pasado volando, pero la he aprovechado al máximo. Me ha recibido una ciudad pequeña pero bulliciosa, dónde el tráfico no te da un respiro. Los pasos de peatones acumulan personas que esperan con paciencia infinita que el semáforo se decida a pintarse de verde. Siempre me he declarado una urbanita sin remedio (no sé si por haber nacido en un entorno rural y con escasas posibilidades de distracción  o simplemente porque el mundo me ha hecho así). Adoro mezclarme entre el trajín de la gente, el ruido, los sonidos, el movimiento, los pasos de la gente apresurada…  ¿A dónde irán siempre con tanta prisa?  ¿Es que siempre llegan tarde a todos lados? Todo ese desenfreno urbano me transporta a una dimensión paralela, ajena a mi realidad y me coloco en una especie de éxtasis de cemento. Granada tiene todo eso, bañado de una magia especial que te hace sentir querido.

Confieso que soy una viajera que trata siempre de encontrar algún encanto, por pequeño que sea, a todas las ciudades que visita. Puede ser el encanto y la simpatía de la gente, la arquitectura, la gastronomía o una experiencia agradable vivida sobre el asfalto de esa urbe. Pero en el caso de Granada he visto una ciudad cosmopolita, que celebra su herencia cultural y la disfruta. He sentido cómo me recibía con una sonrisa y ponía en mis manos una invitación a pasear sus calles y empaparme de su multiculturalidad. Me he sentido transportada a otros tiempos en que Granada era cuna de la cultura musulmana, cuya huella sigue muy presente y la enriquece.

Alcaicería - Z.L.C.

Alcaicería – Z.L.C.

Interior de la catedral - Z.L.C.

Interior de la catedral – Z.L.C.

Entré en la Capilla Real, donde están sepultados Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, al igual que los restos de su hija Juana I de Castilla (conocida como Juana La Loca), su marido Felipe I de Habsburgo (Felipe El Hermoso) y un nieto de los reyes, hijo de Isabel de Aragón (otra de sus hijas), que murió de niño. Me pregunto qué hubiera ocurrido si los Reyes Católicos no hubieran mandado expulsar a los musulmanes de la ciudad. Se habrán marchado aquellos habitantes de entonces, pero su legado se respira en cada rincón de Granada. Así lo sentí cuando antes de mi visita al Palacio de la Madraza y a la preciosa catedral del siglo XVI, me adentré en la Alcaicería (de Al kaysaria, “el lugar del César”), que sustituye a la original, destruida por un incendio. Situada al lado del templo, era una zona comercial dedicada al comercio de la seda, hoy mercado de artesanía. Seguí mi ruta hasta la parte baja del Albaycín, antiguo barrio árabe, en el que no me resistí a entrar en una tetería a saborear un surtido de dulces árabes artesanales acompañados de un delicioso té negro con leche, vainilla y jazmín.

Atardecer desde el Realejo - Z.L.C.

Atardecer desde el Realejo – Z.L.C.

Tras haber exprimido al máximo mis primeras horas en la bella Granada, pasé por la Plaza Bib-Rambla y continué mi camino hasta llegar al encantador y empedrado barrio del Realejo, donde tengo la suerte de alojarme. En mi camino al apartamento atardecía y quise rescatar el momento con mi cámara, como pude, con la escasa luz que quedaba.  Ya me apetecía descansar en el apartamento que estos días será mi casa. Como decía Revólver en una de mis canciones favoritas de su amplio repertorio, donde me duermo está mi hogar.

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