Cuaderno de viaje: Edimburgo

La ciudad cautivadora

Vistas desde North Bridge

El atardecer visto desde el North Bridge / Z.L.C.

Pisé por primera vez la capital de Escocia hace casi tres años, en septiembre de 2010. Decidí, como tantos y tantos españoles, realizar una inmersión lingüística para perfeccionar mi inglés. Y qué mejor manera de hacerlo que asistir a una escuela en una ciudad angloparlante, aunque en mi caso fue muy poco tiempo, solamente tres semanas. Creo que ésa es la única forma de poder llegar a entender el idioma hablado y poder soltarse (aunque cueste) a hablar inglés sin miedo. Aunque mi estancia fue muy breve, a la semana de estar allí completamente sumergida en la vida edimburguesa, fui consciente de que entendía mucho más a la gente: por la calle, en el supermercado o en alguna tienda.

Después de los nervios del viaje, llegué al aeropuerto y ciertamente me alegro de no fiarme mucho de esa expresión que afirma que “las primeras impresiones son las que cuentan”. Tras haber estado esperando por mi maleta algo más de lo que suelo hacerlo, por fin aparece. La pongo en el suelo y comienzo a notar algo extraño: la habían mutilado, una rueda menos, y el resto del trayecto acabó con ella definitivamente. Con la emoción de mi llegada ni por la cabeza se me pasó la posibilidad de presentar una reclamación por el desperfecto. Esa experiencia le hubiera restado un punto a Edimburgo, pero no significó nada, solamente una anécdota. O como me dijera una buena amiga en su momento “una maleta rota es como cuando rompen una botella de champán en un barco, es el ‘bautizo’ para que todo vaya bien”. Me pareció acertado su punto de vista (lógico, viniendo de una gran optimista), y así lo entendí. Además, después me encontré a un taxista muy agradable que me hizo muy ameno el trayecto hasta el apartamento, donde me esperaba mi anfitriona. Cuando te encuentras a alguien así, simpático y alegre, te duelen menos las veintiuna libras que te cobra por la carrera.

La dueña de mi alojamiento en Edimburgo, nativa de la ciudad, tenía mi edad y vivía en un pequeño piso de decoración minimalista y sencilla, que me entusiasmó. Me adapté en seguida al cambio y me sentí, como suele decirse, en mi propio hogar. Incluso disfruté de la casa para mí sola durante algunos días, gracias a lo cual supe cómo es vivir en sin compañía. Algo que para alguien que pasó de vivir con sus padres, a una casa de estudiantes y finalmente a vivir en pareja, es insólito y refrescante. A mi llegada, la dueña de mi casa temporal, mostró su hospitalidad y atención ofreciéndome algo de comer y, más tarde, llevándome a dar un paseo por el centro de la capital.

CUANDO VI EDIMBURGO
POR PRIMERA VEZ, LA
MALETA ROTA EN EL AEROPUERTO
SE QUEDÓ EN
UNA SIMPLE ANÉCDOTA

 Caminamos bastante y el recorrido fue algo así como cuando uno hojea un periódico o una revista para luego leerla en profundidad. Llevaba conmigo grandes expectativas, pues en todos los foros, blogs y demás contenidos de Internet que había leído sobre Edimburgo, todo el mundo hablaba maravillas y el taxista del aeropuerto tampoco se quedó corto poniendo a su ciudad por las nubes.  Recuerdo que le dije que ya conocía los famosos supermercados Tesco (la franquicia de distribución alimentaria más conocida del Reino Unido) porque tenía un amigo que había pasado cortas temporadas en Londres. Me contestó con sarcasmo: “¡¿En Inglaterra?! Tú has escogido el sitio adecuado”. Será la ironía de un pueblo que mira con recelo a su vecino del sur que, históricamente, le ha producido tanta humillación. En la actualidad, quizá ese sentimiento de superioridad que los escoceses -al igual que los galeses, esos grandes olvidados- reprochan a los ingleses, se justifica con la cobertura informativa que ofrece la BBC, que centra la mayoría de sus contenidos en Inglaterra. Mi compañera de piso me lo confirma: “Casi todas las noticias se centran en Londres o Inglaterra en general”.

La emblemática Victoria Street, llena de tiendas encantadoras que querrás visitar

La empinada calle Victoria Street, llena de tiendas encantadoras que querrás visitar / Z.L.C.

 

Durante mi primera caminata por la tranquila y acogedora ciudad, repleta de cuestas, lo primero que me enseñó mi guía particular fue el trayecto hasta la escuela de inglés y la calle donde se ubicaba. Al continuar nuestro camino, pasamos por la curiosa y emblemática Victoria Street. Se trata de una pequeña calle en curva, empinada y con las fachadas pintadas de diferentes colores, la mayoría de las cuales pertenecen a pequeñas tiendas alternativas de ropa; librerías de viejo y segunda mano que invitan a entrar; un establecimiento dedicado en exclusiva a la Navidad; pequeñas galerías de arte o una bonita tienda para los más pequeños, con el nombre de ese niño al que le crecía la nariz cuando decía mentiras. Como no podía ser de otra forma, es una tienda de juguetes tradicionales y educativos, hechos de madera, además de marionetas o muñecos de peluche y de tela. Victoria Street desemboca, por un extremo, en Grassmarket, una de las localizaciones más icónicas de Edimburgo. Llena de tiendas, restaurantes y hoteles y, por supuesto, pubs que ayudan a que la zona se anime bastante al caer la tarde. Grassmarket, además de funcionar, como su nombre indica, como lugar de mercado desde hace siglos, es también macabramente conocida por ser el lugar donde en el pasado tenían lugar las ejecuciones públicas de la ciudad. Por el otro lado se sale al George IV Bridge, erigido entre 1829 y 1834 y donde se encuentra la National Library of Scotland, en la que muchas veces estuve tentada de entrar.

El primer café me lo tomé en Elephant House, ahora mundialmente conocido por ser uno de los templos de creación escogidos por J.K. Rowling para escribir las peripecias de Harry Potter. Y lo cierto es que la mujer sabe, y mucho, porque la decoración del local desprende cierto calor y la atmósfera que se respira hace que te sientas como en casa. Qué mejor que un lugar así para encontrar la inspiración necesaria para crear la historia de un mago que va a acabar convirtiéndote en millonaria. Altamente recomendable, por cierto, el smoothie –que se pronuncia “smudi”de cranberries (arándanos), el capuchino y la tarta de chocolate. Si tienes una tarde melancólica, acompáñalo todo con un libro que te hayas comprado en Victoria Street.

EN ELEPHANT HOUSE,
UN CAFÉ CÁLIDO Y
ACOGEDOR, LA ESCRITORA J.K.ROWLING
ESCRIBIÓ PARTE DE
LAS AVENTURAS DE
HARRY POTTER

Edimburgo no tiene nada que ver con Londres, es un concepto de ciudad totalmente diferente. No estaría de acuerdo en absoluto con alguien que sentenciase que se trata de la segundona de la capital británica, como podría parecer desde fuera. La persona que articulase semejante afirmación no podría estar más equivocada. Sí, quizá Edimburgo es una especie de “hermana pequeña” de su vecina sureña, aunque esto tan solo se aceptaría si hablásemos de popularidad y demanda por parte de los turistas. Al lector tentado de visitar la ciudad escocesa, le ofrecería las mismas razones para visitarla que a mí me sirvieron para decidirme entre Edimburgo y Londres. Particularmente para pasar unas semanas, conocer una ciudad británica y practicar inglés. Edimburgo es una ciudad tranquila, cálida e increíblemente receptiva con los turistas. Aunque esto último pueda sonar a tópico, es totalmente cierto. Al tratarse de una ciudad pequeña, con una población que no alcanza el medio millón de habitantes, el forastero no tiene la sensación de distanciamiento con la población autóctona, de alejamiento, que pueden producir las grandes metrópolis. El visitante, lejos de sentirse al margen de los propios, ve como éstos le reciben con los brazos abiertos y, al mismo tiempo, le parece haber vivido allí toda la vida.  Otro factor decisivo y a tener en cuenta es el dinero, ya que al tratarse de una ciudad tan manejable, no es necesario gastarse grandes fortunas en el transporte público, ya que se puede ir caminando o en bicicleta a casi cualquier parte de la ciudad.

Con respecto al inglés, lo primero que debéis saber es que el nombre de la ciudad, Edinburgh, se pronuncia “Édimbra” y no “Édinbur”, como tendemos a hacerlo los Spaniards. El acento escocés es precioso, a mí por lo menos me hechizó: suena divertido y dulce, más fácil de entender de lo que muchos piensan. Aunque dependerá de con quién intercambies palabras, ya que, como en todas partes, hay de todo. Eso sí, para los que estamos acostumbrados al acento estadounidense, se necesitan unos días para acostumbrarse a la diferencia, pero al igual que ocurre en general con el acento británico. En mi caso, he de mencionar que me alegró muchísimo encontrarme en persona con gente que hablaba como Desmond, el personaje escocés, y mi favorito, de la serie Lost. Perdón por el guiño, pero si has sido o eres un sufridor seguidor de las peripecias de estos personajes perdidos en una isla surrealista, lo agradecerás. Si no, aprovecho para recomendarte que pases a formar parte de este club.

Volvamos a Edimburgo. No voy a dejar todavía el asunto idiomático, ya que además fue el propósito de mi feliz aventura viajera. La escuela estaba situada en la New Town, la mitad norte de la ciudad, sobre los Princess Street Gardens, que se sitúan en el centro. La ciudad nueva se construyó entre los siglos XVIII y XIX. La localización era perfecta, cercana a todos los puntos más atractivos. El ambiente de la clase –y en general de la academia- era excelente. Como no sorprenderá a nadie, en mi clase éramos todos españoles, a excepción de una o dos personas, dependiendo de si alguien se incorporaba cada semana. Y no era solamente en mi grupo, sino que aquella escuela estaba tomada por una colonia de compatriotas. Vale, sí, un par de italianos, algún alemán, un paquistaní y un japonés, muy educado él, ansioso por conocer a todo el mundo. Lo más curioso es que no sé qué nos habrá dado a los españoles con Edimburgo, porque la primera tarde que salí a la calle ya escuché a varios y es que estamos por todas partes. Y nos llevamos con nosotros nuestra impuntualidad. Ya se sabe, para un español las once son las once y cuarto. Y, al parecer, no somos los únicos. Mi profesor era irlandés y nos dijo que nuestro sentido de la puntualidad era igual que el de ellos. Curioso. Será cierta esa impresión que tengo de que los irlandeses me parecen los más latinos de esa parte de Europa.

Una muestra de la belleza que el visitante puede disfrutar en el Royal Botanic Garden

Una muestra de la belleza que el visitante puede disfrutar en el Royal Botanic Garden / Z.L.C.

Lo primero que visité en Edimburgo, por mi cuenta, fue el hermoso Royal Botanic Garden. No decepciona, tanto si eres aficionado a la botánica como si no te interesa especialmente. Durante mi exploración del lugar pude ver árboles muy particulares, muchas ardillas juguetonas, lagos de nenúfares que parecían sacados de un cuadro de Monet, llamativas flores y plantas que atraen inmediatamente la atención. Los espacios estaban en general muy bien cuidados y el broche final de la visita lo pusieron las vistas de toda la ciudad, que pude observar desde lo alto de los jardines.

Vista del Castillo desde Princess Street

Vista del castillo desde Princess Street, arropado por los jardines del mismo nombre / Z.L.C.

La actividad de la Royal Mile un sábado por la tarde

La actividad de la Royal Mile un sábado por la tarde / Z.L.C.

La siguiente parada de mis itinerarios fue la Old Town, la parte medieval y más antigua de la ciudad, coronada por el castillo. Éste  está situado en pleno centro de la capital, lo cual es un auténtico lujo y hace de Edimburgo una ciudad inolvidable y que te transporta fácilmente a otros tiempos. Prueba a imaginártela en una época del año como la que ahora se acerca, la Navidad: cubierta de luces y nieve. Desde la noria, que se coloca todos los años por estas fiestas, alzas la vista y ahí está, el castillo, mirando a los transeúntes a los ojos y recordándoles la emocionante historia que ha presenciado a lo largo de los siglos. Explorar el interior del edificio quizá no tenga tanto interés como observar las vistas de la ciudad desde su exterior o ver su majestuosidad desde Princess Street, la calle más comercial. O desde la Royal Mile, que mide precisamente una milla y que es “real” porque en el siglo XVI el rey se desplazaba por ella desde el castillo hasta el palacio de Holyroodhouse. En la actualidad, es la residencia oficial en Escocia de la familia real. Pero se conoce principalmente por haber sido el hogar de la reina Mary Stuart (María Estuardo), Queen of Scots. La vida de esta mujer es apasionante y (si se domina el inglés) se puede averiguar más sobre ella –además de sobre la historia de esta encantadora tierra- en el National Museum of Scotland, cuya entrada es gratuita y yo diría que casi obligatoria si a uno le gusta la historia (como quien escribe esta crónica) e implicarse en los lugares del mundo que visita.

EL CASTILLO MIRA A LOS TRANSEÚNTES
A LOS OJOS Y LES RECUERDA
QUE HA SIDO TESTIGO
DE LA APASIONANTE HISTORIA
DE ESCOCIA

Para comenzar la jornada de caminata con energía,  en cualquier Bed & Breakfast (opción mucho más económica que un hotel), te servirán un potente y delicioso desayuno típico: huevos al gusto, tomates al horno, sausages  (una especie de longanizas), beicon y judías pintas, además de té o café y zumo. Todo esto se puede elegir y combinar al gusto y, por supuesto, si el estómago no lo resiste, decantarse por una opción más ligera. Como curiosidad, no hay que confundir este desayuno “Scottish Breakfast” con el té clásico con leche, que aquí se llama de la misma forma, mientras que, como a nadie sorprenderá, en Londres pasa a ser “English Breakfast”. El recorrido dependerá de la localización del alojamiento, aunque en todo caso, cualquier paseo por la ciudad, se venga de dónde se venga y se vaya a dónde se vaya, es un regalo perfecto. En mi caso, vivía en la zona de Canonmills, al norte, cerca del jardín botánico.

Eso me permitía realizar un recorrido que pasaba por mi rincón favorito de Edimburgo y el que creo que es uno de los más evocadores, sobre todo al atardecer. Se trata del North Bridge, puente que hay que atravesar para pasear por la Royal Mile y mezclarse con los turistas, aprovechar para comprar una bufanda escocesa tradicional, calentita, hecha de lana de cordero, en alguna de tantas tiendas de suvenires, repartidas a lo largo de High Street. Al llegar hasta el palacio de Holyroodhouse tuve la oportunidad de ver el Scottish Parliament, que estrenó este nuevo emplazamiento en 2004. La construcción del edificio, ideado por el arquitecto catalán Enric Miralles (que murió en 2000, antes de terminar su obra), estuvo envuelta de una gran polémica. No solamente se inauguró tres años más tarde de lo previsto, se encargó a un arquitecto extranjero y además se utilizaron materiales no autóctonos, sino que en lugar de costar lo acordado -entre 10 y 40 millones de libras- la factura ascendió a la friolera de 414 millones de libras. Por no hablar de que su extravagante diseño no es plato de gusto de los escoceses.

George Street no debe faltar en un paseo por la New Town

George Street no debe faltar en un paseo por la New Town / Z.L.C.

La New Town me ofreció otra perspectiva de la ciudad. Al igual que la Old Town es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1995. Muchísimo más moderna, parece una ciudad diferente, aunque ambos lados te arropan de la misma forma y desprenden esa esencia que caracteriza a Edimburgo como una ciudad amable con los extranjeros. Está compuesta por edificios de estilo georgiano y está considerada como una obra maestra de la planificación urbana. La calle más elegante es George Street y desemboca en una apacible plaza, la céntrica St. Andrew Square, en la que compartí alguna que otra comida con compañeros de la clase de inglés, cuando el tiempo lo permitió. El tiempo, ese socorrido tema de conversación entre los edimburgueses, que no hay día que no contenga la palabra dreich (pronunciado “drij”). El vocablo es de origen gaélico y se emplea para referirse a esos días grises, de lluvia, mucho frío y nubes, tan habituales allí.

El cementerio de Saint John's puede ser un refugio de tranquilidad en un día de caminata

El cementerio de St. John’s puede ser un refugio de tranquilidad en un día de caminata / Z.L.C.

Cuando salía a pasear por las tardes y bajaba hasta Princess Street, mis pies se decidieron varias veces por examinar Shandwick Place o Lothian Road, al otro lado. Al principio de esta última se encuentra la iglesia St. John’s que cuenta con un bonito cementerio. Aunque parezca impactante para la mentalidad española, los cementerios no solamente se integran en el paisaje urbano. Son también lugares pensados además de  para el descanso eterno de los difuntos, para el disfrute de los transeúntes. Merece la pena encontrar un momento de paz, nunca mejor dicho, en alguno de ellos, para desconectar un poco de la vida de la ciudad. Esto es algo que me encanta del Reino Unido, así como el hecho de que sus iglesias no son tan aburridas como las nuestras, sino que además de su función obvia, suelen contar con mercadillos, tiendas e incluso algún coqueto café en el que hacer una pausa para tomar el té y un pastel.

COMO ES HABITUAL
EN EL RESTO DEL REINO UNIDO,
LOS CEMENTERIOS FORMAN PARTE
DEL PAISAJE URBANO

Confieso que no me atreví a probar el plato estrella de Escocia, cuya pasión allí es equivalente a la que aquí sentimos la mayoría por nuestra amada tortilla. Allí todo el mundo adora el haggis, que además protagoniza una entrañable tradición, la Burns Night, la noche dedicada a la vida y obra del poeta escocés Robert Burns. Se celebra generalmente el 25 de enero, fecha de su nacimiento, aunque también puede tener lugar cualquier noche del año. Se practica todo un ritual en el que se come, suenan gaitas, se recita poesía, se leen discursos, se brinda y se baila. El haggis es muy parecido a la morcilla, aunque con menos sangre que ésta. Consiste en una mezcla de corazón, hígado y pulmones de cordero, aderezada con harina de avena y cebolla, todo ello embutido en el propio estómago del animal. No, no me sonaba muy tentador, aunque aquellos que lo han probado digan que está riquísimo… Para los que prefieren algo más ligerito y seguro que mucho más sabroso, pueden hacer como yo y acercarse al Sea Dogs, en la animada Rose Street. Se trata de un bonito restaurante especializado en productos del mar y vegetarianos. Te servirán un pan buenísimo, que puedes untar con mantequilla, y una jarra de agua del grifo, que en Edimburgo es de muy buena calidad. De ambiente acogedor y de personal atento y agradable, disponen de unos precios muy razonables, aptos para todos los bolsillos. Aquí probé  mi plato escocés favorito, el apetitoso cullen skink, una sopa de eglefino (pez típico del norte de Europa, similar al abadejo) con patatas, cebolla, leche, mantequilla, pimienta y, en ocasiones, perejil.

Recorrer Shandwick Place,en el extremo oeste de Princess Street, es perfecto para mezclarte con la multitud

Recorre Shandwick Place, en el extremo oeste de Princess Street, para mezclarse con la multitud / Z.L.C.

Lothian Road es una calle para cinéfilos, con las salas independientes más interesantes de la ciudad

Lothian Road es una calle para cinéfilos, con las salas independientes más interesantes de la ciudad / Z.L.C.

Se acercaba el final de mi viaje y tenía una actividad pendiente: subir un domingo por la mañana a Calton Hill. A cien metros sobre el nivel del mar, se eleva esta colina de origen volcánico, como también lo son su hermana mayor, Arthur’s Seat, el punto más alto de la ciudad,  y el castillo. Los habitantes de Edimburgo suelen ir allí a pasear los fines de semana o incluso de picnic en los días de sol. A pocos minutos del centro de la ciudad, Calton Hill te da la oportunidad de trasladarte al campo, recorrer las rutas marcadas o ver sus monumentos. Es un lugar perfecto para observar el maravilloso contraste entre la Old y la New Town y contemplar la bahía del Firth of Forth, que baña la parte norte de la ciudad. Muy poca gente es consciente de ello, pero así es, Edimburgo tiene mar. Creo que no se le puede pedir mucho más para ser la ciudad casi perfecta. Calton Hill es también un lugar para llevarte un libro que te absorba y te aísle de la realidad, mientras te sientes rey o reina de Escocia por un día, ya que la panorámica de la ciudad, que tienes a tus pies, te hará sentir así. 

LA CAPITAL ESCOCESA ES
MUY RECEPTIVA CON LOS
TURISTAS, TE HACE SENTIR
COMO EN CASA Y NO TE
PRODUCE LA SENSACIÓN DE
DISTANCIAMIENTO DE LAS
GRANDES METRÓPOLIS

Disfruta de un momento de relax y contempla la ciudad desde Calton Hill

Disfruta de un momento de relax y contempla la ciudad desde Calton Hill / Z.L.C.

En mi última semana en Edimburgo me sentía, salvando las distancias, como un condenado a muerte que espera su condena. En esta ciudad te sientes abrigado, a pesar de ese frío tan característico que se te pega a los huesos. Aún así, merece la pena caminar por esas bellas calles y deleitarse con esa estupenda arquitectura. Sentir su fascinante historia, oscura y aterradora, como si se tratase de una novela de suspense. Edimburgo es un enigma. Cuando transitas por sus rincones, sus pequeñas calles escondidas, que parecen ocultar algún secreto, crees estar en la piel de Sherlock Holmes, el famoso personaje del escritor escocés Sir Arthur Conan Doyle. Lo mejor es aprovechar la extraordinaria y variada oferta nocturna de la ciudad y escaparte de las rutas más trilladas. Bajar las escaleras que dan al Whistle Binkie’s, donde puedes mezclarte con los edimburgueses y escuchar buena música en directo. Mientras saboreas una pinta, puedes leer algunas reflexiones filosóficas inscritas en las paredes del local. Quizá encuentres pistas que te ayuden a resolver el misterio.

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Fue entonces


Miro una foto de familia en la que debía de tener más o menos un año. Sería el año 1986. En la foto estamos todos excepto mi hermana pequeña, a la que le faltaban todavía seis años para nacer. Pobrecita, el azar le jugó una mala pasada e hizo que viniera al mundo. A esta puta vida, que te ilusiona en la infancia, te hace transcurrir en tu burbuja de inocencia, aventuras y descubrimientos. Ajeno a toda la mierda, sin ser consciente de la realidad más dura. No tienes ni idea de que un día descubrirás que esto se acaba y que es altamente probable que veas muertas a las personas que más quieres. No me refiero  a cuando la mayoría de personas son pequeñas y preguntan por la muerte, se asustan y quieren respuestas. Hablo de un día en que eres realmente consciente de tu finitud. Sobre todo el día que muere alguien, que deja de existir una persona que querías mucho y que significaba mucho para ti. 

d_yanera pequeñita

Vuelvo a la foto. En ella me miro a mí, tan pequeñita, tan lejana, incluso tan ajena. Tengo una expresión triste, supongo que no me habría hecho mucha gracia que me hiciesen una foto (hoy en día no me gusta mucho más). Pero al margen del porqué de esa carita, en mis ojos ya se vislumbra la melancolía. La tristeza perpetua. Parece que aún siendo tan pequeñita inconscientemente algo ya me decía que ese momento nunca volvería. Que el tiempo pasaría como arena que se desliza entre los dedos. Quizá intuía de alguna extraña manera que un día me querría enfrentar inútilmente al tiempo, quizá esa pequeña estaba mirando a la adulta diciéndole “va a ser duro, no lo vas a aceptar”. Quizá la melancolía había entrado en mí para quedarse. Esa cruel compañera de viaje, que te desgarra, te oscurece por dentro. Al ver esa fotografía entiendo que en ese preciso momento, la nube negra de la melancolía se posaba sobre mis hombros para nunca más abandonarme. Cualquier tiempo pasado es pasado.

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Has tenido suerte

Días en los que te abruma lo injusta que puede llegar a ser la vida con algunas personas a las que quieres tanto que te duele. A ti, por ahora, la vida te ha tratado bien, quizá  porque te consideras una persona afortunada, por encima de todo. A pesar de que no te haya salido siempre todo como hubieras querido o como habías planeado. Y sí, fallaste algunas veces, podrías haber hecho muchas cosas mejor. Has tenido suerte. Tus padres fueron imperfectos, como cualquier ser humano y, sin embargo, fueron los mejores que se pueda desear. Cuando piensas en ellos te sientes realmente orgullosa, de esas dos personas maravillosas aprendiste a ser quién eres. Te inculcaron valores, te enseñaron a escoger tu propio camino, a elegir qué tipo de persona querías ser. Te enseñaron honradez, humildad, sinceridad, generosidad y lucha. Tomaste tus propias decisiones desde muy joven: qué querías estudiar, dónde querías ir. Ellos te apoyaron. Un año después quisiste cambiaste tu vida, te fuiste al otro lado del país, a más de mil quilómetros de distancia. Les dolió, porque te alejabas, pero te querían, aunque confiaban en ti y querían que fueras feliz por encima de todo. Te volvieron a apoyar. Has tenido suerte. Conociste, aún más joven, al amor de tu vida, a los dieciséis años. A una edad en la que la gran mayoría de adolescentes solamente piensa en salir con cuánta más gente mejor. Muchos incluso, en la actualidad, con esos años ya se han acostado con más gente de la que puedan contar con los dedos de las manos y se creen que ya lo saben todo, que son adultos. A una edad en la que pocos quieren o están preparados para un compromiso. A una edad horrible, inestable, que te jugó alguna mala pasada. A una edad en la que la mayoría de adultos probablemente no se tomen en serio una relación y piensen que no durará, que estás experimentando, que es un juego. A una edad sobre la que alguien te dijo cinco años más tarde que deberías haber estar tonteando por ahí con chicos en lugar de con una pareja. Sientes haberlos decepcionado a todos. No, no mientas, en realidad no lo sientes, te alegras. Ha pasado una década, ha volado. Te dormiste y una mañana te despertaste con diez años más y con “tu persona” al lado. El ser humano que más te conoce, el único que sabe realmente quién eres, porque lo eres en parte por él. Porque es un trozo de ti.  El único que con solo mirarte a los ojos sabe lo que estás pensando. Tu cómplice, tu mejor amigo, tu hermano mayor, tu confidente, tu psicólogo. Esa persona en la que más confías, que está ahí siempre, de forma incondicional. Esa persona que cree más en ti que tú misma. Lo conociste cuando apenas habías echado a andar. Juntos crecisteis, cambiasteis, madurasteis, sentisteis, conocisteis, reísteis, llorasteis, soñasteis. Quisisteis y diez años después lo seguís haciendo, más si es posible. Si es que el amor no tiene un tope, un límite a partir del cual, una vez alcanzado, ya no se puede querer más. De cualquier modo, sea como sea, cada día te sientes más afortunada. Has tenido suerte. Estás a punto de terminar una carrera que has soñado desde pequeña. No ha sido fácil, ha costado llegar hasta aquí. Tuviste malas experiencias, desilusiones. Cambiarías muchos detalles, algún “atreverse” o “decidirse”, algún “tener más confianza en una misma” y sobre todo algún “pensarse bien las cosas antes de hacerlas”, que te hicieron tropezar muchas veces. A pesar de todo saliste a flote, aprendiste de tus errores (¿qué es la vida si no eso?), maduraste, evolucionaste. Y viviste algunas de las mejores experiencias de tu vida, conociste a personas importantes para ti. Así que crees que tienes más de lo que muchos quisieran. Te quejas, sí, muchas veces. Las personas somos así, abrimos la boca y gruñimos. No tienes motivos, no son importantes, al menos. Baloney o bullshit como dirían en el idioma que me apasiona. Los angloparlantes para esas cosas siempre tienen la palabra perfecta, llana, sin rodeos. Cada uno tiene sus razones, sus motivos, lo que considera sus ‘problemas’, sus ‘asuntos’, aquello que le molesta, sus issues (de nuevo, el inglés al rescate). Pero todo eso te parece nada y recuerdas esos “has tenido suerte” y así te vuelves a sentir afortunada. Vuelves a pensar en lo injusta que puede llegar a ser la vida, especialmente con esa persona que aún no ha empezado a vivir, que aún tiene que crecer, cambiar, madurar, sentir, conocer, reír, llorar y soñar, al lado de la que algún día sea “su persona”, como hiciste tú. Ella, una de las personas a las que quieres tanto que te duele.

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Europa despierta

De izqda. a dcha.: Londres, Islandia, Grecia y España

El derecho a manifestarse y a protestar es de todos, tanto jóvenes como maduros. La juventud, quizá tome la iniciativa porque suele ser, en muchos casos, la más afectada por las diferentes reformas políticas o situaciones socioeconómicas: educación, empleo, vivienda… La juventud es también la etapa de la vida en la que todavía tenemos sueños e ilusiones que cumplir y esa fuerza nos impulsa a decir no a la resignación y al conformismo. O debería.

Por ello, las revoluciones o manifestaciones de protesta suelen estar encabezadas por el sector de población de menor edad. Sin embargo, el derecho de queja pública que las constituciones o las leyes otorgan a la ciudadanía, pertenecen a toda persona que conforma una sociedad. Y por ello, las personas no tan jóvenes (de edad) deberían tener, del mismo modo, la obligación moral de quejarse de la situación que vive la juventud, de apoyar sus reivindicaciones, que un día también fueron suyas.

Hoy más que nunca, las razones para indignarse, son de todos: Los recortes de derechos, las olas de xenofobia, racismo y miedo al “diferente”. El empleo precario, no sólo de jóvenes, sino de personas que se han visto en el paro con una edad en la que, al menos en España, ya les resulta difícil recolocarse y han tenido que aceptar ese tipo de trabajos, con salarios miserables. Familias con la mayoría de sus miembros sin trabajo remunerado, que se han visto, en muchos casos, ahogadas por hipotecas que no pueden pagar y que los bancos les embargan. Gobiernos supuestamente socialdemócratas que aplican políticas más propias de la ideología liberal. Dirigentes que regalan dinero público a los culpables de la crisis, mientras éstos se niegan a financiar a las pequeñas empresas o autónomos que lo necesitan para salir adelante.

Y si todas estas circunstancias no afectan directa o indirectamente a determinados ciudadanos, aquellos que tienen un buen empleo, estable y seguro, una vivienda y una buena posición socioeconómica, éstos deberían igualmente alzar la voz. Forman parte, como los demás, de una sociedad y por lo tanto, deben luchar de cualquier manera para que ésta sea más justa y rica democráticamente. Eso hará que las democracias progresen y mejoren en sus valores. De lo contrario, la involución que puede sufrir Occidente de no intentar cambiar el statu quo, al no apoyar al resto de la ciudadanía, en sus manifestaciones y exigencias justificadas, acabará afectando a todas las personas, ricos y pobres; parados o con buen empleo.

Dicho todo lo anterior, hay muchos motivos para no estar de acuerdo con la premisa que sostiene que Europa está dormida. Que los jóvenes europeos no se indignan como lo hacen los árabes. La principal, y evidente, diferencia es que los jóvenes de los países de Oriente Medio están luchando por obtener los derechos que les corresponden; los europeos, por conservarlos, porque no se resquebrajen. Ellos no tenían –en apariencia- nada que perder. Los europeos, quizá creyéramos que teníamos algo. En Oriente Medio la mecha la encendió la muerte de Mohamed Bouazizi, un joven tunecino, que se prendió fuego por desesperación, tras haber perdido sus medios de vida. Era un reflejo de la situación del país.

En Europa, para la mayoría, la situación no llega a tales extremos. Es cierto que, probablemente, aquí ha hecho falta una crisis económica que, delante de nuestras narices, nos hiciera ver cómo los culpables de la misma, después de perjudicar a los de siempre, se iban de rositas con el maletín bajo el brazo, que nuestros gobernantes les brindaban y cuyos billetes procedían de nuestros bolsillos. Ha hecho falta que las políticas europeas se recubran otra vez de un neoliberalismo feroz, que los países del Estado del Bienestar, que tanto costó construir tras el desastre de la II Guerra Mundial, abracen, pasada la primera década del siglo XXI, el pensamiento único.

A finales de 2010, Londres presenció las manifestaciones de estudiantes que protestaban contra las reformas de las tasas universitarias. Los jóvenes británicos salieron a las calles de la capital porque se negaban a que sus gobernantes conservadores convirtiesen la educación universitaria en un privilegio para unos pocos. Hace unos meses, en Islandia, la ciudadanía no estuvo dispuesta a que se pagase con su dinero a los bancos. Se echaron a la calle y consiguieron que se celebrase un referéndum para decidirlo democráticamente. Un 90% dijo “no” también en las urnas. En Grecia, la ciudadanía secundó una huelga general y salió a protestar contra los recortes sociales del Gobierno heleno.

En España, nuestra democracia está aún por consolidar. Los españoles somos (éramos) poco dados a este tipo de movimientos reivindicativos. Hasta que nació el movimiento 15-M. Las redes sociales, la clave comunicativa del siglo XXI, el entorno más democrático a disposición del pueblo, donde compartir opinión, debate y pensamiento, propiciaron que la iniciativa de unos pocos se extendiese por la Red como un virus, el de la indignación. Un virus que activó en el pueblo, los anticuerpos de la apatía y del conformismo, surgidos para combatir la corrupción, la falsedad e hipocresía de los políticos, la falta de un futuro digno para los jóvenes (que sufren un 45% de paro en España), la generación mejor preparada de la historia y, sin embargo, la que vivirá peor que sus padres.

Salvando las distancias, el motor que ha movido a los jóvenes de Oriente Medio y a los de Europa es el mismo: ambos rechazan la corrupción, el desempleo y la ausencia de futuro para los más jóvenes. Y, del mismo modo, en los dos casos, el fenómeno comunicativo nacido en Internet, de mano de las redes sociales, actuó como vehículo de transmisión.

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El enredo Estados Unidos-Pakistán (artículo de opinión de TIME)

Estaba buscando el otro día información sobre todo lo que ha ocurrido entre Estados Unidos y Pakistán, a raíz de la muerte de Bin Laden, que si uno dice que el otro lo sabía, que si el otro dice que eso no es verdad y que está enfadado porque no se le avisó de la operación… Encontré este artículo de opinión-análisis de un tal Tony Karon, que me pareció interesante. Como tengo la traducción por afición, decidí practicar un poco con este artículo. Al margen de lo que podamos pensar cada uno de lo que ha ocurrido -aunque aquí no trata el tema del asesinato, sino de la relación entre EE.UU. y Pakistán- (derechos humanos, estado de derecho, legalidad internacional, por qué lo llaman “justicia” cuando quieren decir “venganza”, no ponerse a la altura de un asesino, el fin no justifica los medios, ¿dónde están los valores democráticos de los que tanto alardean los EE.UU. y que -supuestamente- se encargan de extender por el mundo?, por no hablar de las torturas, etc., etc.)

El contenido es muy interesante y a mí como periodista -lo eres, aunque no tengas aún el papel que lo certifica- me ha parecido fascinante leer un análisis como este de las relaciones geopolíticas a nivel internacional, además de que es enriquecedor -y obligado- leer de muchas y diversas fuentes. Creo que a cualquier ciudadano también le conviene leer el material periodístico como este (aunque, de opinión, eso que conste). El problema principal es que en España no podemos presumir de nuestras aptitudes idiomáticas, precisamente. Por eso, comparto con vosotros esta traducción al español, por si os interesa. Creo que el resultado no está nada mal. El artículo original es éste.

Pakistán puede haber engañado a los Estados Unidos, pero no esperen que el matrimonio termine.

Escrito por TONY KARON. Miércoles, 4 de mayo de 2011. 17:11 h. (TIME MAGAZINE)

Que Pakistán ha sido un aliado poco fiable para los Estados Unidos apenas es noticia: Teniendo en cuenta que Osama Bin Laden estaba escondido a plena vista en Abottabad, el sistema de seguridad de Pakistán ni siquiera se molestó en ocultar el hecho de que sigue una agenda bastante distinta de la de los Estados Unidos. Al mismo tiempo que ayudaba a los Estados Unidos a trasladar a cientos de sospechosos de Al Qaeda a territorio propio, continuaba proporcionando asilo y socorro a los talibanes y a otros grupos extremistas, algunos de ellos aliados de Al Qaeda, para lograr sus propios objetivos en Afganistán y Cachemira.

Los Estados Unidos lo han sabido desde hace años, pero eso no ha forzado una ruptura en las relaciones Estados Unidos-Pakistán. Esto es difícil de cambiar ahora, aunque resulte que miembros de la jerarquía pakistaní hayan estado al tanto de la presencia de Bin Laden todo este tiempo.

Para entender por qué, sólo hay que mirar tan lejos como a Damasco. Eso es, Damasco. El presidente de Siria, Bashar Al Assad, es el único aliado de Irán entre los jefes de estado árabes; él es el patrón clave de Hezbolá y Hamás, y está todavía formalmente en guerra con Israel. Su régimen es acusado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de intentar llevar a cabo un programa secreto (después de que las instalaciones fuesen bombardeadas por Israel) y ha pedido la represión de unos movimientos de protesta sin precedentes contra su gobierno autoritario, mediante el envío de tanques e instando a sus fuerzas de seguridad a abrir fuego reiteradamente contra los manifestantes desarmados, matando a centenares.

Sin embargo, es poco probable encontrar una propuesta seria de política exterior por los pasillos del poder en Washington –o, para el caso, incluso en Jerusalén-, que está dispuesto a abogar por una política de derrocamiento de Assad.

Esto se debe a que con todo lo que odian lo que Assad representa, los poderes occidentales, Israel y otros regímenes en la región, temen que la alternativa pueda ser peor. La estructura sectaria de poder en Siria significa que el derrocamiento de Assad podría provocar una guerra civil que podría renovar el peligro del conflicto suní-chiíta en el Líbano e Iraq. Los líderes israelíes apuntan a que los principales aspirantes a tomar el poder en caso de que Assad cayese son los Hermanos Musulmanes, los cuales podrían adoptar una postura todavía más hostil. A pesar de su postura reacia, el régimen de Assad es predecible, y visto como un agente de estabilidad en la frontera del norte de Israel, en la que no se ha producido ningún disparo en 38 años. Del mismo modo, su apoyo a Hezbolá es visto como un freno a cualquier hostilidad que el grupo respaldado por Irán pudiese intentar iniciar con Israel. Y así sucesivamente.

En lugar de intentar de derrocar a Assad, durante años, los poderes occidentales han tratado mediante presiones e incentivos de mejorar su comportamiento, con la esperanza de persuadirlo para que terminase sus relaciones con Irán y para que cooperase con los objetivos de los Estados Unidos en Iraq y el Líbano. Es una política cuyos resultados han sido pocos, al menos en cuanto a la limitada capacidad de influencia para conseguirlos. Aún así, incluso al calor de la rebelión, cuya violenta represión acabará por hacer insostenible el régimen de Assad en los anales de la historia, no hay señal de cambio en lo que respecta a la política de Siria.

Por lo tanto, aunque Assad pueda ser considerado a la larga como un mal menor en la lógica estratégica de Washington, no es difícil de imaginar cómo los líderes militares habrán perdonado sus pecados.

Pakistán posee un enorme arsenal nuclear, y permanece bloqueado en una incipiente guerra territorial con la nuclearmente armada India; Pakistán, más que Afganistán, es el principal centro del terrorismo internacional; para que los Estados Unidos se liberen del atolladero de “reconstrucción de la nación” en Afganistán, necesitarán una solución política con los talibanes, para lo que Pakistán será decisivo a la hora de lograrlo (y hasta entonces, el tiempo que continúe allí la misión militar de la ONU dependerá de Pakistán en cuanto a sus líneas de suministro, especialmente de petróleo); el sistema de seguridad pakistaní, más que el irresponsable liderazgo político de la población civil, es la clave del centro del poder en Pakistán, que sigue manteniendo su lucha contra la insurgencia radical interna. Y la lista continúa.

A los Estados Unidos puede no gustarles lo que ven en el régimen de Pakistán, y pueden temer que el actual sistema de seguridad que mima a los grupos extremistas haga más y más daño. Pero a pesar del clamor en Washington esta semana para castigar a Pakistán tras la revelación de que Bin Laden había estado acampado en el patio trasero de los militares, la cruda realidad podría ser que las alternativas de mantener la actual relación –dañada como debe estar- son para Washington demasiado espantosas de contemplar.

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Reportaje–> Atrapada en ‘La Cabina’

Valencia se convierte por tercera vez en la capital internacional del mediometraje

Me metí dentro de ‘La Cabina’ para hacer una llamada a su director, Carlos Madrid. Me habló del festival y del formato del mediometraje, con muchas posibilidades creativas, pero poco explotado comercialmente en España. Y destaco las películas que vi en el festival y os cuento qué dijeron de su experiencia algunos de los directores que vinieron a Valencia a presentar sus trabajos.

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TEXTO: d_yanera; FOTOGRAFÍAS: Festival “La Cabina”

19-28 de noviembre de 2010

“En su justa medida”. Ése podría ser el lema de un formato poco conocido por el gran público y poco explotado comercialmente: el mediometraje. Se trata de películas que duran un mínimo de 30 minutos, pero que no se extienden más allá de los 60. En Valencia se creó uno de los festivales más exclusivos a nivel internacional, “La Cabina”. El nombre hace honor a la emblemática película que dirigió Antonio Mercero y que protagonizó José Luis López Vázquez. Se rodó para la televisión y la produjo Televisión Española, en 1972. Un año más tarde, sería premiada con el Emmy a la Mejor Ficción, que supuso uno de los primeros reconocimientos internacionales a la ficción española. Lo que quizá no sepan muchos es que precisamente este filme es un mediometraje: “Como el concepto ‘mediometraje’ no está muy extendido, poca gente lo sabe y nosotros tampoco es que lo supiéramos de toda la vida. Es un mediometraje mítico, que dura 35 minutos”, explica Carlos Madrid, director del festival “La Cabina”, un proyecto que surgió casi de casualidad: “Yo debía hacerme cargo del corto de un amigo y distribuirlo en festivales de Valencia, ya que él no conocía cómo funcionaba todo eso. Duraba 28 minutos y aunque no llegaba a ser mediometrcartel2aje, en los festivales de cortos no admiten más de 20 minutos. Así que, no había ningún festival a donde llevarlo.” Y así, Carlos Madrid se dio cuenta de que a nivel internacional solamente existía el festival francés Festival du Cinema de Brive, que en un principio había nacido con la idea de acoger únicamente películas francófonas, aunque posteriormente amplió su campo al nivel europeo. Pero seguía sin existir un festival de mediometrajes internacional. De ahí nació el festival valenciano. “La Cabina’ es internacional desde el principio, eso nos ha permitido tener mediometrajes de Corea del Sur, Serbia, EE.UU., Cuba o incluso Tailandia, este año.” Aunque los habituales siguen siendo Alemania y Francia, dos países en los que hay una mayor potenciación del formato del mediometraje, pues las televisiones exhiben la mayor parte de estas producciones y ya se sabe que este medio es el que hoy por hoy llega a una mayor cantidad de público. “En Francia, por ejemplo, las televisiones France 2 y France 3 emiten mediometrajes de varias productoras, habituales del mediometraje. Además, de ahí se mueven por festivales, además del de Brive, otros de cortometrajes en los que aceptan una duración mayor, como el Festival International du Cour Métrage à Clermont-Ferran”, comenta Carlos Madrid, que añade: “Alemania y Francia comparten un mismo canal de televisión, que es Arte, en el cual los mediometrajes forman parte de la programación.”

Inauguración

En un festival celebrado en España es poco menos que curioso que ninguno de los mediometrajes seleccionados sea español. En nuestro país, ni el corto ni el mediometraje han llegado a gozar de tanta aceptación como en otros países europeos. La exhibición en televisión es prácticamente inexistente, salvo algún programa de cine o cultural, que de por sí ya escasean en nuestra parrilla televisiva. Y como apunta Madrid “los festivales de cortometrajes suelen ser habituales en pequeñas localidades, pero no en cascos urbanos de mayor tamaño. Además, a la hora de que un espectador pague por ver una obra, si dura 7 minutos, no se molesta en salir de casa. Lo que se debería hacer son sesiones de cortometrajes, como se hacía en el Albatros -sala independiente de Valencia, que cerró sus puertas hace unos meses-, que en paz descanse. Y en las televisiones tampoco hay sesiones de cortos o de medios y, si las hay, no se promocionan lo suficiente”, señala. Recalca el director de ‘La Cabina’ que en España hay trabajos de muy buena calidad y que “es absurdo que no se les dé más bombo”. Según añade, se trata de historias que no requieren de una gran atención, “con Inauguraciónlo cual, con las prisas con las que vive mucha gente hoy en día, podrían verse tranquilamente.” Con prisas o sin prisas, el mediometraje, como el corto, es un formato interesante y valorado por el público, de ahí el éxito de ‘La Cabina’ en Valencia. Por tanto, el tirón de orejas de rigor: “Nos gustaría que las televisiones se fijaran en los mediometrajes, ya que se trata de un formato como cualquier otro, con películas de calidad nada envidiable a los largos y, en muchos casos, incluso mucho mejor. Deberían tener en cuenta a los mediometrajes incluso desde el punto de vista comercial, pues son películas muy atractivas que podrían tener mucha audiencia.” Y eso lo demuestra la cantidad de gente que acudió al festival, desde la fecha misma de su inauguración.

Christophe Lemoine

El certamen lo abrió el mediometraje inaugural dirigido por Christophe Lemoine, ‘Marteau Ciseaux’ (‘Piedra, papel o tijera’, en su traducción al español). Se trata de la historia de tres amigos de la infancia, que se reúnen para pasar un fin de semana en un pequeño pueblo costero, fuera de temporada turística. La trama aborda el siempre delicado tema del trastorno mental, desde el género de la comedia, con mucho sentido del humor, pero sin caer en la frivolidad. “Un amigo de juventud padeció problemas mentales y me interesaba tratar este tema por el hecho de presentar a Coloquio con Christophe Lemoinealguien diferente, a un personaje que es agradable pero con el que no es posible convivir. Se trata también de forma muy modesta de un acercamiento al tema de la infancia; digamos que esta locura no es más que el hecho de no haber crecido, pues de los tres personajes, que se conocieron"Marteau, Ciseaux" siendo muy jóvenes, hay uno que no ha alcanzado la edad adulta.” El director francés, que asistió para presentar su película, intervino posteriormente en un coloquio y conectó enseguida con los asistentes, gracias en parte a la cantidad de risas que se resonaron en la sala durante la proyección y también a su simpatía, la que demostró cuando contestó: “No se me permite hablar de eso”, al preguntarle uno de los asistentes si el dato que aparecía en la web del festival que hace referencia a su pasado como espía internacional, era una broma o tenía algo de real. Christophe Lemoine es, además, uno de los protagonistas de la cinta. “Mi primer oficio fue de actor. Recurrí a antiguos compañeros de profesión para que me siguieran en esta aventura y llegó un momento en que me planteé que, dado mi grado de implicación, no estaría demás participar de esa forma en la película.”

Graeme Cole

El británico, Graeme Cole, director de It’s Nick’s Birthday, que se mostró mucho más tímido que su colega francés, ha dirigido el primer musical del festival. Una película sin duda insólita: está rodada en Súper 8 y en los momentos en los que no se canta, no ocurre nada en particular. “El contraste entre unas escenas en las que no ocurre nada y las escenas musicales, se explica mediante la imposibilidad de comunicación entre los personajes, por el hecho de exista una ausencia de comunicación física o verbal. Lo que quería mostrar en la película es aquello que imagina Nick que harían los personajes si realmente se atreviesen a decirse las cosas”, aclaraba el director de Manchester, durante el encuentro. “Una de las razones que llevaron, del mismo modo, a escoger este formato, fue el color tan peculiar que tiene, el considerar que esta particularidad podría añadir intensidad y sensaciones al mediometraje.

Fotograma del mediometraje "It's Nick's Birthday"

Me gustaba que se tratase de un proceso mecánico, que el proceso no fuese tan limpio como si lo rodásemos en digital. Creo que el personaje de Nick hubiera escogido el Súper 8, si tuviese que rodar él mismo su historia,” comentó Graeme Cole en la charla. Sin duda está cada vez más de moda todo lo antiguo, aquello que pertenece a otras épocas y nadie duda que con el Súper 8 se pueden conseguir efectos que ya no estamos acostumbrados a ver en la imagen cinematográfica, sobre todo ahora que la tecnología digital se está generalizando cada vez más rápido. Sin embargo, el rodaje de It’s Nick’s Birthday no estuvo exento de complicaciones: “Una de las dificultades principales con que nos enfrentamos fue la sincronización de imagen y sonido. Al montar ambos, nos dimos cuenta de que el sonido terminaba bastante antes de lo que lo hacían las imágenes. Al volver a ajustarlo, nos percatamos de que si coincidían al final, volvíamos a tenerlo mal al principio, tampoco coincidían. El problema resultó ser un cambio de proyector que utilizamos y finalmente hubo que sincronizar casi palabra por palabra.”

"Stilleben""Noce""Dans le sang""Livestream"

Casi poético es el mediometraje alemán, Stilleben (Naturaleza Muerta), dirigido por Marcel Ahrenholz, en el que las palabras son secundarias para contar la historia y la película dice mucho más con la luz y el lenguaje no verbal, trabajado de forma sublime por las actrices que interpretan la situación de una madre y sus dos hijas. Y como en todo festival, siempre hay una de esas historias pequeñas, que se podrían definir con solamente un par de líneas y que, sin embargo, se recuerdan con intensidad y cariño. Es el caso de la francesa Noce (Comunión), de Christine Riche, filme que se desarrolla en la Francia rural y cuyo anciano protagonista, necesita encontrar a alguien que le ayude a recoger los buenos frutos de su cerezo. Dans le sang (En la sangre), una coproducción entre Francia y Líbano, describe una relación padre-hijo, en un escenario que tiene lugar en las calles libanesas, asoladas de nuevo por la violencia, con un final impactante. Livestream (En la red), otra joya más proviniente de Alemania, muestra al espectador otro final sorprendente, de una historia de un solitario profesor universitario que se refugia en la Red y encuentra a Miss Bingo, famosa por sus vídeos en Internet y que resulta su alumna.

                            ENTREVISTA CON EL CULPABLE

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CARLOS MADRID. Fundador y director del Festival de Mediometrajes ‘La Cabina’. Nació en Valencia en 1982. Estudió Publicidad en la Universitat Jaume I de Castellón. Trabajó en el departamento de comunicación de varios festivales y como coordinador y redactor en la revista valenciana de tendencias, ‘La Milk.’ Actualmente colabora con las revistas ‘OCI Magazine’, ‘Mundo Sonoro’ y con la asociación cultural ‘Silenci.’ Es miembro del Aula de Cinema de la Universitat de València, desde donde organiza el festival.

¿Qué fue lo que te empujó a crear ‘La Cabina’? Me sedujo la idea de organizar un festival, de poner en marcha uno de estas características y, sobre todo, hacer algo exclusivo. El hecho de encontrar una faceta inexplorada me hizo emprender este reto y convencer a gente para me siguiese en el desafío.

¿Es muy difícil sacarlo adelante? A nosotros nos ha costado insistir para obtener una subvención, que no es grande, comparada con las de otros festivales consolidados. Lo que más frustra es ver cómo otros festivales de Valencia cuentan con presupuestos enormes y los gastan en cosas que no deberían.

¿Por qué el mediometraje? Era un tamaño en el que no se había trabajado en España. Eso fue lo que nos dio más vértigo, en el buen sentido. Probamos y funcionó, es un formato en el que se crean muy buenas obras.

¿Qué tiene el ‘medio’ que no tenga el ‘corto’ o el ‘largo’? Da la oportunidad de desarrollar más a los personajes que en el corto y puedes así construir una historia un poco más completa y compleja. Los mediometrajes no están sometidos al circuito comercial y eso aporta la ventaja de la libertad creativa, respecto al largo, pues la trama dura lo que tiene que durar. Porque ¿a cuántas películas largas no le quitarías media hora?

¿Cómo es el jurado del festival? Desde la dirección, intentamos que haya una representación heterogénea dentro del mundo del cine: cineastas, críticos, docentes, periodistas… De esta forma conseguimos que se enriquezca el debate a la hora de escoger a los premiados.

¿Cuál es el perfil de los directores que presentan sus trabajos al festival? Son principalmente jóvenes, pero con películas de calidad. Nosotros nos sorprendimos de esto porque aquí en España, por cuestiones de producción, hasta que un director joven es capaz de sacar adelante un proyecto de calidad puede pasar mucho tiempo o toda la vida. En el festival, en su mayoría, suelen tener entre 25 y 35 años. Sobre todo llegan de Alemania, incluso con mediometrajes de proyectos de final de carrera.

¿Por qué habría que acudir como público a ‘La Cabina’? El festival es una selección de mediometrajes muy buenos. Hay para todos los gustos, de cualquier género que te guste, encuentras una obra de calidad. Además, está la posibilidad de interactuar con los directores de algunos mediometrajes. Y porque es un festival exclusivo y hemos comprobado que hay mucha calidad.

Puedes ver el Palamarés 2010 del Festival, aquí

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Veréis cosas

Existe una droga que puede hacerte volar, transportarte a otra realidad, a una que no es la tuya, pero que te hace sentir poderoso. Un observador realmente afortunado, pues se te permite verlo todo, presenciarlo todo, sin tener que implicarte en los hechos, en nada de lo que allí sucede. Eso sí, no sabrás nunca más de lo que la fórmula que compone este potente estimulante te muestra, nunca dispondrás de más información que los personajes que hacen posible esta ‘realidad paralela’. Ésa es la diferencia principal entre tu mundo real y el que esta droga te enseña: en tu vida cotidiana, puedes informarte, averiguar, responder (algunas y no siempre) preguntas, en el mismo momento en el que se te planteen los interrogantes, los dilemas. Aquí no, aquí debes ser paciente y estar atento. Lo que verás será dosificado adecuadamente. Puede ocurrir que algunos no resistan la tentación y el resultado sea una sobredosis. No hay peligro de muerte, pero si de administran las 60 dosis de golpe, quizá así sólo se consiga empeorar el proceso de desintoxicación. En este caso está imperiosamente indicada la sustitución del dicho ‘lo bueno, si breve, dos veces bueno’ por ‘despacito y con buena letra’ o incluso ‘sin prisa, pero sin pausa’, que sería más acertado. Eso sí, el consumo rápido no supone, de todos modos, una contraindicación. Esa decisión queda siempre a elección del lector, si decide finalmente probar el material, lo cual recomiendo con apremio. Si eres habitual en el consumo de este tipo de mercancías, si te consideras entendido, de gusto selecto o incluso un auténtico sibarita. Si no te conformas con cualquier cosa, pues sueles proveerte incluso mediante el mercado de pago (este tipo de drogas se pueden obtener de forma gratuita, eso sí, adulterada y con efectos menos intensos –aunque la iniciación suele ser por esta vía, para ‘probar’ el producto), entonces no entiendo cómo es posible que no la conozcas. Si, de lo contrario, no encajas en este perfil, si eres un consumidor ocasional (o incluso ‘social’, como se suele decir), te la recomiendo, no lo pienses más. Al principio te sentirás un poco raro, ya que no se trata de un producto muy habitual, ni muy parecido a lo que estamos acostumbrados los habituales, porque sus efectos se acercan tanto a la realidad, que la rozan. Es por ello que el nivel de concentración y abstracción durante su consumo deben ser máximos, para poder disfrutar de todas las sensaciones que proporciona. Llegados a este punto, hay que decir que no es una droga muy popular, no es una droga de masas, de esas que todo el mundo conoce, aunque no la haya probado (todavía), pero ahí reside su encanto. Los pocos consumidores que la han probado, se han convertido en incondicionales. Saben que no encontrarán nada igual. Y los más puestos (no iba con segundas) en el asunto, afirman que es de lo mejor que se ha hecho jamás. Se trata de una rara avis para el gran público, ése que está acostumbrado a productos más ‘digeribles’, ‘fáciles de tragar’. La mayoría de ‘mercancías’, (en teoría) estimulantes que han probado, les revelan ‘otras realidades’ mucho más distantes, inverosímiles, llenas de tópicos, de estrellas, de glamour. Yo hablo de algo diferente a lo que hayas probado hasta ahora, hablo de algo que hará mediocre a todo lo demás. Esta noche –del martes- he consumido mi dosis número 36 (son cinco cajas de 13,12,12,13 y 10 dosis, respectivamente). Ha sido un viaje emocionante, vibrante, extraordinario. Sucedieron cosas (obviamente no te las puedo contar, porque perdería gracia y te desvelaría lo que has de descubrir por ti mismo) que no me esperaba, o que creía que serían de otro modo. Un giro lo ha cambiado todo. Mañana (cuando publique este post, ‘hoy’) toca la dosis 37, fin de la tercera caja. Paciencia, solamente quedan unas horas.

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